El ilógico presupuesto de Defensa

Miguel Angel Sarni

Por Miguel Angel Sarni(*)

El gasto en Defensa en la Argentina con relación al PBI es uno de los más bajos del mundo, el más bajo de UNASUR y el más reducido de nuestra historia: apenas 0,7/0,8 por ciento. Nuestros vecinos y socios o asociados del Mercosur, invierten sumas importantes en Defensa: Brasil (1,5 %), Chile (3,5 %), Uruguay (2%). Las páginas internacionales de los diarios parecen sugerir que nos estamos equivocando.

Debido a la sobrepoblación, el mundo está brotado de conflictos regionales por asuntos de petróleo, minería, ríos, religión o límites. Ha surgido un nuevo ámbito de enfrentamiento el cibernético, capaz de perjudicar los sistemas: de energía, de seguridad, financieros, de gobierno. Asimismo, hay Estados que colapsan, devorados por amenazas internas, sediciosas, mafias de narcotraficantes o simplemente criminales, sectores mejor armados que sus propios ejércitos. “Las FFAA no pueden existir cuando se elimina de su horizonte la posibilidad de un conflicto”. La imagen, siquiera el fantasma de una contienda posible, debe levantarse en los confines de la perspectiva y ejercer su espiritual gravitación sobre el presente de las FFAA. La idea de que van a ser un día utilizadas es necesaria para instruirlas, equiparlas y cuidarlas.

Nuestras FFAA subsidiariamente integran Operaciones Multilaterales de Paz y participan en emergencias por Catástrofes. En nuestro país, pese al elevado crecimiento económico de los últimos diez años, se ha desalentado cualquier posibilidad de modernización del casi inactivo aparato de defensa nacional. Los recursos humanos, columna vertebral de toda Institución Militar, se resignan a la discrecionalidad de los ascensos al apartarse el Ministerio de Defensa de las propuestas de las FFAA. Padecen el cada vez menor grado de educación, y sueldos bajos y/o pagados en negro. En síntesis, sin proyecto de defensa, las FFAA no gravitan como factor de disuasión ni de acción.

En Argentina, el reducido gasto militar en equipamiento se imputa principalmente para completar la reparación (siete años) del rompehielos ARA Almirante Irízar para la campaña antártica 2014/2015, restablecer los niveles mínimos de munición y modernizar determinados sistemas: de aviones, de destructores y corbetas, y de vehículos blindados. La mayoría de los sistemas de defensa y equipos con los que cuenta nuestro país son obsoletos y/o sin mantenimiento, se remontan a 25/35 años, con tecnología desarrollada en las décadas 60 y 70. A la falta de equipamiento, le debemos sumar la pérdida/cierre de las fábricas militares.

Las importantes inversiones bélicas en Brasil están dirigidas a modernizar aeronaves de caza, fabricar un avión gigante de transporte militar que desplazará al antiguo Hércules, desarrollar uan nueva generación de blindados sobre ruedas 8×8, aviones no tripulados que necesitan sus tres fuerzas, misiles tierra-aire, helicópteros de entrenamiento para les tres fuerzas. Un programa considerado estratégico es la construcción de submarinos nucleares para defender sus nuevos -y bien dotados- activos petroleros off shore. Brasil se volverá experto -todavía no lo es- en propulsión nuclear naval, militar y civil.

El presupuesto militar creciente de Chile está desplegando un completísimo plan de modernización con tanques (Leopard II), transportes M-113 en diferentes configuraciones, vehículos Marder, aviones (F-16), misiles, fragatas (Tipo 23, Tipo L y Tipo M), submarinos (Scorpene), un buque logístico de grandes dimensiones, un buque de desembarco anfibio francés Foudre) y tecnologías de última generación.

Uruguay define opciones de equipamiento para su pequeña estructura militar siempre consciente de que si bien tener fuerzas armadas es caro, mucho más caro es no tenerlas.

Terminando los 90, los sucesivos Ministerios de Defensa buscaron consolidar un cambio cultural en las FFAA con una profunda reforma del Sistema Educativo de Defensa. Su plena convergencia en el Sistema Educativo Nacional permitió potenciar la formación técnica profesional específica con estudios de nivel universitario, siguiendo modelos exitosos y prestigiosos internacionales.

Sustentado sobre las tradicionales bases morales y virtudes Sanmartinianas, urgía cultivar, desde los menores niveles, el juicio crítico, la independencia de criterio y la capacidad de razonar y discernir frente a los nuevos y maleables escenarios que las democracias modernas imponen a sus FFAA. Todos los Institutos Superiores Militares con profesores y alumnos civiles fueron evaluados por un organismo de auditoría civil: la CONEAU (ley 24521/95 de Educación Superior). En uno de sus informes los expertos afirmaron: “es evidente que se instruye al oficial con un espíritu centralmente orientado al sistema democrático (como decisión institucional y formación concreta) y a la autoridad constitucional emanada de la implementación del sistema representativo de gobierno”.

Así, en los primeros 20 años de democracia la intriga cuartelera hacia la política fue desterrada a través de un cambio de la cultura organizacional sustentado en la educación, despuntando Fuerzas cultas, eficientes, modernas y socialmente integradas.

A partir del 2004/5, el área de Defensa restringió fuertemente los recursos para la educación de las Fuerzas, suprimiendo gran parte de los cambios excelentes del modelo de educación militar adoptado, que se había gestado con mucho trabajo y venciendo no pocas resistencias internas. Se desarrolló una nueva, desordenada y preocupante reforma, direccionándola hacia una matriz educativa politizada con un alarmante ideario y con escasa exigencia universitaria. Sería importante replantear esta última reforma.

También se ha buscado empalidecer sin éxito la educación militar en estadios juveniles, impulsando el cierre de los Liceos Militares, pese al prestigio alcanzado por la calidad de la formación moral, intelectual y física impartida. Estos Institutos Militares han capacitado 75.000 ciudadanos dispuestos a servir con dignidad a su patria, integrando las reservas de las FFAA.

En materia salarial, podríamos estar refiriéndonos a Fuerzas Irregulares. En los últimos años, el Poder Ejecutivo acentuó la política de que el personal militar en actividad cobre casi la mitad del sueldo en negro, como suplementos no remunerativos ni bonificables, por lo que el horizonte de una mala jubilación (retiro) va debilitando su vocación por la patria. Ello fue motivo de miles de demandas judiciales, iniciadas tanto por activos como por pasivos, dando lugar a conocidos fallos de la CSJ (Salas y Zanotti) que obligaban al P.E.N. a buscar una solución política definitiva.

El Poder Ejecutivo, a través de los Decretos 1305/12 y 245/13, creó un nuevo sistema de suplementos no remunerativos que pretendieron ser particulares aunque fueron claramente suplementos generales, pero además estableció una notable desjerarquización de los sueldos, al reducir de “5,32 a 1” a “2,84 a 1” la relación entre el grado más alto (Teniente General y equivalentes) y el más bajo (Voluntario de 2da).

El achatamiento de los coeficientes que definen la relación entre grados constituye un serio menoscabo a la dignidad del militar, violando derechos adquiridos.

Las remuneraciones de los militares argentinos son inferiores a las de los países vecinos siendo la relación entre grados extremos, en Brasil 6,35, en Chile 8,48 y en Uruguay 8,70 a 1. También, se debe destacar que la diferencia entre el mayor y menor sueldo en las Reparticiones Públicas de la Argentina oscila entre 5 y 14 a 1.

El Sr. Diputado Julio Martínez presentó el pasado 15 de Mayo en el Congreso de la Nación un proyecto de ley sobre sueldos del Personal Militar, registrado bajo el número de Expediente 3081-D-2013. Determina el blanqueo del haber mensual del personal militar, eliminando el componente en negro (haberes “no remunerativos”), restablece la escala de coeficientes de grado: Tte. Gral. 5,32 Voluntario 2da 1, vigente desde hace más de veinte años, y establece una relación automática del Haber Mensual del Vol. 2da con el Salario Mínimo Vital y Móvil, de 2 a 1.

Cumple con la legislación vigente y con las sentencias de la Corte Suprema de Justicia. Colaboraron en el proyecto la Unión de Personal Militar Asociación Civil (UPMAC) y la Fundación Seguridad en Democracia (SEND), organizaciones que poseen un agudo conocimiento de la problemática. Se espera que todos los bloques acompañen en comisiones, para que la ley sea aprobada a la brevedad.

Asimismo, esta política de sueldos militares con suplementos no remunerativos (75 % hasta el 2012 y un 45 % en la actualidad), que lleva más de 10 años, desfinanció las Obras Sociales, ya que los aportes a las mismas se calculaban sobre la parte remunerativa del haber. Para remediar esto, en lugar de blanquear el 100% de los sueldos militares, el PE decidió unificar las mismas a través del Decreto 637/13 – Creación del Instituto de Obra Social de las FFAA (IOSFA) “para lograr una administración más eficiente”, bajo la órbita del Ministerio de Defensa. Eso sí: a partir de ahora se prevé que los aportes se calcularán sobre la totalidad de los ingresos, incluyendo todos los suplementos, tanto remunerativos como no remunerativos (en negro)!!!

Como conclusión, deseo afirmar que el gasto dedicado a Defensa no se puede decidir irracionalmente. Un proceso de reestructuración inorgánico, fruto únicamente de restricciones presupuestarias, lleva siempre al deterioro de la capacidad operativa.

Esta realidad origina el creciente desánimo de los integrantes de las FFAA que se traduce en que un porcentaje importante de sus efectivos piense en dejarlas o en tener otro trabajo. El presupuesto militar debe ser el resultado del debate en el ámbito que corresponde, que es el Congreso de la Nación, y los ciudadanos deben poder evaluar en qué y cómo se lo gasta, sabiendo que se trata de alcanzar un determinado fin; el mismo que debe regir la escala salarial. Y ese fin debe ser la eficiencia operacional.

La soberanía, compatriotas míos, no es gratis. Y no hablo de devolver a las FFAA atribuciones políticas de gobierno, que nunca debieron tener. Hablo de darles la dignidad (entre ellas, la de cobrar en blanco), la educación, el entrenamiento y el equipamiento necesarios para cumplir con sus funciones. Hablo de ponerlas no en el poder, pero sí en la agenda.

Querer vivir en este mundo sin Fuerzas Armadas creíbles es exponerse a perder todo: oportunidades, territorio, modo de vida, autonomía, libertades.

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(*) General de División (R), ingeniero militar. Escribió “Educar para este siglo”. Dunken.

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