Por una política de defensa

Miguel Angel SarniPor Miguel Ángel Sarni*

La función que cumple la política de defensa de una nación es simple: que la nación siga siendo lo que es, una nación. La política de discriminación contra las FF.AA. en bloque se ha extendido a todo esbozo de política de Defensa y a la carrera profesional de muchos de sus miembros, hasta poner hoy a nuestro país en situación de indefensión.

Hasta que las FF.AA. y el Estado político no restablezcan ciertas lealtades recíprocas mínimas, esto no cambiará. La democracia ha dado un giro esperanzador, y permite una etapa de actualización legislativa que restablezca la unidad lógica entre los tres poderes civiles y el militar. Sin esa unidad, que nadie pretende sea libre de fisuras, tensiones y debates (una democracia es eso, debate), no tenemos Estado.

Cuando un juez municipal en EE.UU. nos embarga una fragata en África, nos damos cuenta de lo que el resto del mundo se dio cuenta hace rato: aquí no hay Estado. La octava nación del mundo por superficie, la dueña de uno de los tres mejores sistemas agroproductivos, propietaria y copropietaria de los dos mejores acuíferos sudamericanos, segunda reserva global de hidrocarburos “shale” y “tight”, sexta reserva metalífera general y tercera de litio, está regalada. “Yours for the taking”, como dicen los angloparlantes (y lo dicen).

Hay cuatro años para que el Ministerio de Defensa y el Poder Legislativo tejan un conjunto de leyes y reglamentaciones precisas y concretas que formen una política estable de defensa. Deberá articular un diseño estratégico de las tres fuerzas sostenible pese a vaivenes económicos y cambios de conducción militar y nacional. También tendrán que acordar un presupuesto lógico para satisfacer objetivos irrenunciables, que rija una escala salarial digna sin suplementos no remunerativos, y un nivel educativo y profesional de calidad que genere respeto.

Un paso para ello sería restaurar el nombramiento de “Enlaces” de las FF.AA. en el Congreso de la Nación. Llegaron como novedad bienvenida en 1983, con el presidente Raúl Alfonsín, y fueron eliminados en el año 2007, a instancias de la ex ministra de Defensa Nilda Garré. La esencia del rol de estos enlaces era ampliar el vínculo institucional y clarificar problemas tanto militares como legislativos. Pese a la atmósfera compleja en que funcionaron, los Enlaces lo hicieron bien. Hubo propuestas de las FF.AA. que en manos de los legisladores se volvieron interpelaciones al Ejecutivo por cuestiones como presupuesto, haberes, mantenimiento, equipamiento, etc. Las FF.AA. deben tener representantes a la vista en el Poder Legislativo, así como éste tiene Comisiones de Defensa. Sienta escuela para que los legisladores entiendan un poco más de arduos temas de defensa, y los militares la difícil mecánica parlamentaria.

Las FF.AA. más avanzadas se han adherido a cimentar su eficiencia y comportamiento en el conocimiento. En esa dirección, el Sistema Educativo de Defensa nació con la creación de los tres Institutos Universitarios de las FF.AA. mediante las leyes 23.554/1988 (de Defensa Nacional), 24.521/95 (de Educación Superior) y 24.948/1998 (de Reestructuración de las FF.AA.) con trayectorias exitosas, potenciando la formación militar con estudios de nivel universitario, generando proyectos de investigación y desarrollo, para calificar como verdaderas instituciones universitarias. Tres hitos en investigación, discontinuados -raciones especiales para emergencias que distribuyó el Ejército en la inundación de Santa Fe en 2003-, el hidrógeno como vector energético en celda combustible-, sulfonas que transformaban difíciles caminos vecinales en el equivalente mecánico de un asfalto nuevo por lo duro y regular de la calzada.

En noviembre de 2014, el Congreso sancionó la ley número 27.015, que creó la Universidad de la Defensa. En la actualidad tiene su Estatuto y Proyecto Institucional provisorios aprobados, pero incumple diversos aspectos de la legislación vigente. Tiene un defecto aún más grave: no existe. Hay que hablar de estas cosas como se hace en democracia, a puertas abiertas. ¿Qué decisiones tomarán al respecto el Ministerio de Defensa y el de Educación?

No son las únicas decisiones educativas a tomar. Hay un tema de educación secundaria pésimamente abordado en tiempos recientes, y es el Sistema de Reservas Calificadas, en vulgar, los viejos Liceos Militares. En el 2006, por disposición del Ministerio de Defensa, se decidió su eliminación gradual (funcionan desde 1938) y su traslado a la órbita civil. Con ese rumbo, se introdujeron en su funcionamiento varias modificaciones, principalmente la reducción drástica de los saberes de combate. Los Liceos sobrevivieron por el “lobby” casi desesperado de los padres de los alumnos, de las asociaciones de graduados y de las autoridades militares. Siguen conservando su prestigio no porque nuestra sociedad siga imbuida de militarismo, sino por su nivel curricular y su pedagogía del esfuerzo. No hay mucho para inventar con los Liceos, salvo mantener su alto nivel de exigencia y remilitarizarlos. Su año de egreso debería incluso culminar en pasantías en las que los futuros oficiales de reserva presten meses de servicio efectivo en bases y cuarteles avanzados, antes de recibir su título.

Seguramente hay mucho más por hacer. Me limito a unos pocos ejemplos que evidencian cómo tejer una política democrática de defensa nacional que aseguraría el monopolio de la fuerza para el Estado, el respeto del nuestro por otros Estados, y la continuidad de nuestra democracia. No hay modo elegante de explicarle esto a nuestros conciudadanos más antimilitaristas: la indefensión nos llevará, más rápido que tarde, a volvernos un protectorado o a perder activos nacionales valiosos (fragatas, satélites, aviones, yacimientos, provincias) por “aprietes” de terceros. Y los países sometidos no suelen ser democráticos.

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*Grl Div (R) Ingeniero Militar. Escribió “Educar para este Siglo”

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