Qué se supone que es un Antártico

JC LujanPor Juan Carlos Luján(*)

Introducción

En oportunidad de comentar con un funcionario del estado sobre la depreciación que existe con la liquidación del Adicional para el personal que presta servicios en la Antártida,  que surge de un error y por tal motivo percibe solo una tercera parte de lo que históricamente le correspondía, notamos que estaban muy confundidos con lo que realmente es un Antártico y hemos comprobado que mucha gente desconoce este tema, por tal motivo producimos este informe, que también puede servir para que valoren a nuestros Antárticos.

Conozcamos la Antártida

La Antártida es un lugar que no tiene paralelo con ningún otro punto geográfico del orbe. Al Polo Norte se puede acceder por continuidad geográfica. El hombre puede habitarlo. Las condiciones ambientales resultan más benignas. Los esquimales pueden constituir un ejemplo de esta aseveración, ya que habitan rudimentarios iglúes. En contrapartida, para llegar tan solo al extremo norte de la Península Antártica es necesario utilizar aviones de gran porte (en la actualidad)  o buques específicamente dotados para navegar entre los hielos, solamente en épocas estivales, antes que se congele el mar. De esa premisa surge el apoyo imprescindible en nuestro caso de la Fuerza Aérea, la Armada y el Ejército, quienes facilitan la logística indispensable para dar apoyo logístico y operativo a la actividad científica, que es lo que se manifiesta en los protocolos del Tratado Antártico y que deben cumplir los países signatarios y adherentes.

Aún así, existe un riesgo permanente en tales travesías. La confluencia de los océanos Atlántico y Pacifico, y sus corrientes marinas abonadas por la existencia de vientos huracanados hacen que el llamado Pasaje de Drake o Mar de Hoces haya cobrado vidas humanas desde que el hombre se animó a incursionar en esa zona. Así lo ratifican los testimonios recogidos de antiguos relatos aportados por foqueros y balleneros. También de quienes se animaron a ejercer una suerte de turismo de aventura practicando el deporte náutico en embarcaciones de menor porte.

Argentina tiene desde comienzos del siglo pasado una meritoria y heroica trayectoria de ocupación efectiva y permanente del triángulo que pretende ser reconocido mundialmente como “Sector Antártico Argentino”. Razones de índole histórica, geográfica, política y ocupacional ratifican tal pretensión. El rescate exitoso de los sobrevivientes de la expedición sueca comandada por Otto Nordenskjöld (campaña 1902-1903), motivó que nuestro país cobre un real protagonismo en el concierto internacional. Luego la instalación de dotaciones ininterrumpidas en las Islas Orcadas del Sur desde el 22 de febrero de 1904 (hace 110 años), marcan un hito único y valedero a nivel mundial. Le siguen más adelante otras Bases fundadas en forma progresiva entre ellas San Martín, Belgrano, Esperanza y el Fortín Antártico Sargento Cabral por parte del Ejército. Matienzo y Marambio de la Fuerza Aérea, Jubany (ahora Carlini) del Instituto Antártico Argentino y las primeras Bases desde la década del cuarenta, entre ellas Melchior, Decepción, Cámara y otras de la Armada Argentina. A través de ellas y de innumerables patrullas (algunas de largos meses de duración) instalaron refugios dotados con alimentos, combustibles e indumentaria para supervivencia, o bien haciendo el mantenimiento de instalaciones montadas para mediciones geodésicas y actividades múltiples. Dos de esas patrullas arribaron por modo terrestre al Polo Sur Geográfico en 1965 y 2000. Otras unieron en pleno invierno antártico mediante hombres y trineos de perros las Bases Esperanza y San Martín. Hubo también otras incursiones aéreas, que en distintos períodos y con aeronaves de antigua data llevaron a cabo notables proezas sobrevolando ese vértice polar, el más austral de la Patria. También  realizando un puente aéreo desde Marambio hacia otros lugares, en relevos de personal o situaciones comprometidas donde se debió hacer lanzamientos de elementos de distinta índole.

El mundo actual observa con justificada codicia la posesión de la Antártida como reservorio de recursos naturales para su subsistencia en el planeta. Solamente la teoría del agua como elemento no renovable y carente estadísticamente en años posteriores, hace que 28 millones de kilómetros cúbicos de hielo de pureza total, que subyacen en ella, puedan abastecer por un millón de años las necesidades imperiosas del líquido elemento.

Cabría agregar que no solo el agua en estado sólido ocupa la atención de los estrategas, sino que, habida cuenta de haber pertenecido en la antigüedad a parte de un continente ubicado en zona tropical, debe pensarse seriamente en la existencia de metales, carbón o petróleo, que si bien subyacen y resulta altamente difícil su extracción, puede ambicionarse a la obtención de una tecnología que supere las condiciones adversas del clima y además la configuración del suelo para poder extraerlos.

También el valor estratégico de su ubicación en el globo terráqueo hace que países lejanos al continente blanco pretendan tener acceso a la jurisprudencia del Tratado Antártico que rige desde 1959, y a una posterior posesión total o parcial en la formulación de sus propios reclamos.

No hay en la Antártida población estable. No hay vegetación (solo musgo y líquenes –simbiosis de algas y hongos – que afloran en los veranos cuando la nieve derretida permite que se hagan visibles los estratos de pizarras que configuran predominantemente su suelo. La fauna de aves y mamíferos resulta abultada y visible en la época de la procreación (meses de octubre en adelante), para desaparecer en los solsticios de invierno cuando se avecina la larga noche polar.

Todos los elementos para sobrevivir deben ser traídos desde el continente.

¿Que supone ser un Antártico?

En lo específico que hace a la vida del ser humano en la Antártida, caben diversas reflexiones. Pueden considerarse casos de invernadas de tres años consecutivos, dos, uno, seis meses, o bien campañas antárticas de verano donde el clima resulta más benigno, la luz solar permite una mejor visibilidad y por ello los científicos y sus baqueanos cumplen planes pergeñados en diversas disciplinas que requieren movilidad en exteriores.

Marambio 2

Un momento de descanso

¿Qué es lo que motiva a un conciudadano para optar por asumir semejante emprendimiento? La estadística delata aspectos heterogéneos. El deseo inconsciente de vivir una aventura fogoneada por lecturas, películas, fotografías, o simples comentarios vertidos por personas que regresaron de esa experiencia. En algunos casos para los pragmáticos sería la obtención de una retribución económica que por simple comparación no cubre mínimamente con su producto el riesgo, el desarraigo y las consecuencias posteriores de un alejamiento prolongado desde su normal medio ambiente. Otra motivación se apoya en el egocentrismo de magnificar con tal actitud una mejora de su currícula. La más valedera (sin perjuicio de la convergencia de parte de alguna de las razones apuntadas), se nutre en la valentía de quienes poseedores de un auténtico sentido patriótico comprendieron la necesidad de continuar enarbolando las banderas esgrimidas por los pioneros.

Para ser considerado apto para una invernada debe superarse un serio examen psicofísico y además someterse a una apendicetomía profiláctica preventiva. Tener luego un curso académico de capacitación en dependencias de la Direcciones Antártica de las distintas fuerzas. Posteriormente realizar un curso práctico de adaptación, convivencia y supervivencia en alta montaña invernal y zona fría.

En lo atinente a su preparación psíquica y emocional, el individuo que opta por prestar servicios en el sexto continente debe evaluar mediante una severa autocrítica sus capacidades y limitaciones. Preguntarse: ¿Podré dejar de lado mis habituales formas de vida?, ¿Podré prescindir del sexo durante uno o más años?, ¿La soledad y la falta de comunicación con lugares predilectos, familiares, seres queridos, amigos, no afectará mi estabilidad emocional y por ende mi rendimiento?, ¿Podré ser capaz profesionalmente de superar obstáculos imprevisibles que hagan a la supervivencia de mis camaradas de invernada (técnicas inherentes a motores, electricidad, electrónica, construcciones, actividades científicas, meteorológicas, ejercicio de jefaturas logísticas y/o científicas, etc. etc.?).

Este acápite apunta al hecho de que un buque o un avión parten dejando una dotación reducida  en medio de los hielos eternos, y que ella debe cumplir un rol ineludible para el que fue seleccionada, y del cual dependen todos los componentes de su grupo. Convengamos que todos hacen a un todo y todos a la vez son interdependientes. Las alegrías fortalecen y las angustias o las depresiones individuales afectan al conjunto.

La convivencia en suelo antártico hace que el individuo descubra valores propios y ajenos. Situaciones imprevisibles motivan que el hombre ante la soledad acuse el esfuerzo que exige la actividad antártica. Cabría apuntar el hecho de “fabricar” el agua extrayendo hielo para luego transportarlo hacia el lugar donde será licuado y almacenado para que el producto final facilite la ingesta, la higiene personal, el lavado de su ropa, y el aseo ambiental. El peligro que acecha por la existencia de grietas traicioneras, o la ascensión a una torre para reparar el deterioro de una antena, o la reparación de la oruga de un vehículo, o las largas y fatigosas caminatas apareados al antiguo y emblemático trineo de perros substituido actualmente por las motos de nieve, habida cuenta que el Tratado Antártico prohíbe la utilización de animales no pertenecientes a la fauna autóctona. Y además otras circunstancias menores que sumadas son dignas de tenerse en cuenta.

Esta actividad también abarca a los medios de transporte aéreos o marítimos, que deben extremar las medidas de seguridad que faciliten una navegación confiable por las condiciones extremas del clima, la glaciología, la mareografía y otras variables aleatorias.

Cabe acotar, que por cuestiones orgánicas, el hombre debido a su esfuerzo diario, consume al final de su día antártico un promedio de mil calorías más que en otro hábitat convencional, razón por la cual debe alimentarse adecuadamente para recuperar ese desgaste. Por tal razón la alimentación debe cubrir un espectro vitamínico que reponga esas calorías mediante una dieta adecuada que los médicos deben vigilar en concordancia con los jefes, encargados y cocineros de las dotaciones que invernan.

Por tal razón resulta importante el acopio de víveres suficientes para la supervivencia, en el caso de existir imponderables que impida un relevo en términos normales. Máxime, teniendo en cuenta que el progresivo calentamiento global conspira contra las actividades de relevos y supervivencia. La Base General Belgrano debió ser desactivada en el final de la década del 70 pues ya era previsible que el enorme trozo de barrera de hielos donde estaba instalada desde su fundación fuera a fragmentarse. Así ocurrió, y en su reemplazo se crea la Base Belgrano II que actualmente funciona activamente. De la primitiva quedó solo el recuerdo de quienes la habitaron y comprobaron con nostalgia que fue parte de un enorme témpano que flotó a la deriva hasta desintegrarse con el pasaje inexorable del tiempo.

Igualmente la indumentaria debe acopiarse en cantidades suficientes, de forma tal que el habitante de las Bases, Destacamentos o Estaciones Científicas pueda reponerlas en casos de desgaste o mojaduras que requieran un debido secado para su recupero, o bien su substitución.

Paralelamente el combustible debe ser suficiente y con las debidas previsiones, dado que con su carencia o mezquindad de provisión los motores, o calderas que generan electricidad, calefacción., o movilidad de vehículos no pueden satisfacer condiciones dignas para una supervivencia efectiva y a la vez segura.

Cabe acotar que cada emplazamiento de las seis Bases Argentinas permanentes y otras tantas temporarias, presenta una configuración geográfica específica y a la vez diferente, que requiere particularidades que escapan a esta reseña.

Lo expuesto trata de demostrar a quienes tengan una idea no muy acabada de lo que significa una invernada completa en la Antártida, está sujeta a circunstancias que escapan a la visión fotográfica, a escritos individuales, o a la arenga patriótica. No obstante, la fantasía superará a la realidad. Quienes hayan tenido el inmenso privilegio de pisar ese suelo, mantendrán en su alma de manera perenne todas las vivencias acumuladas. Recordarán que los vientos huracanados les arrancaron lágrimas. Que las lágrimas tendrán un condimento emotivo donde se mezclan la pérdida de amigos entrañables en circunstancias no deseadas, donde se destaca que en la Antártida Argentina fallecieron más de ciento treinta antárticos y otros que han vuelto con mutilaciones. Y como atenuante el recuerdo de una familia ausente y distante a miles de kilómetros que los apoyó consecuentemente con su fuerza espiritual y su cariño. Además el hecho sublime de una bandera flameando desgajada por la ventisca donde se mimetizaba el pendón de Belgrano con la blancura de la nieve, el azul del cielo que pocas veces se mostraba al completo, al igual que el sol que durante largos meses de la noche polar evoluciona por debajo de la línea del horizonte.

Marambio 1

Superando las dificultades propias del duro clima

Se amplía este informe con algunos conceptos que se debe tener en cuenta para evaluar a vida sacrificada de los Antárticos.

Este período de la vida, que pocas veces se repite, porque nunca es cómoda pero sí sacrificada, no es un trabajo de 9 a 18 horas, con feriados, sábados y domingos, como en una oficina.

El futuro Antártico primero debe aprobar una rigurosa selección y someterse a una preparación que impone grandes sacrificios, como la vida en precarias condiciones en zonas de montañas, de extremadas bajas temperaturas, siempre bajo cero.  Eso ya de por sí, supone una prematura separación de la familia y del medio ambiente en el que está acostumbrado a desenvolverse.

Si aprueba la selección debe prepararse para vivir por un año, con el riesgo de que sea por más, en zonas inhóspitas sometidas a las más rigurosas condiciones climáticas donde tampoco hay horario de trabajo.  Los vientos alcanzan fuerzas que suponen un riesgo permanente sumado a las muy bajas temperaturas.  Siempre hay que salir de la casa habitación con la totalidad del equipo polar, porque cuando estos vientos son rastreros la nieve en suspensión no deja ver a un metro y al tratar de regresar se desorienta con resultados a veces fatales,  curiosamente a pocos metros de las instalaciones.  El congelamiento del mar impone un aislamiento que se une a los elementos que hacen la vida aún más sacrificada.

Por supuesto se carece de comodidades de las que se goza en las ciudades y de las que uno no se percibe hasta que abruptamente carece de ellas.  Por ejemplo, como lo explicamos, no hay agua corriente, la que debe fabricarse derritiendo hielo para su consumo tanto para beber, cocinar, higienizarse, lavado de ropa, etc.  Eso impone crear “guardias de agua” para que en forma rotativa todos colaboren en la licuación del hielo.

A pesar de los adelantos en los medios de comunicación se produce un corte con el vínculo familiar que afecta no solo al que va a la Antártida sino también a los que quedan (esposa, hijos y todos los demás seres queridos).

Esa situación se ve más agravada si se produce alguna crisis familiar como ser enfermedades o situaciones dramáticas a las que el antártico no puede ayudar con su presencia.

Hace falta una gran fortaleza de espíritu para sobrellevar la lejanía  de esos vínculos y la soledad enfrentándose diariamente con condiciones climáticas que son extremas.

Por otra parte, debe adecuarse a  convivir y compartir con personas que no fueron parte de su círculo íntimo para lo cual necesita un alto grado de tolerancia.  Uno cosa es  tener un compañero de trabajo durante ocho horas, cinco veces por semana con el que no se concuerda y otra compartir con esa persona, prácticamente las 24 horas de todos los día durante más de un año.

Las circunstancias mas triviales suelen convertirse en elementos discordantes que pueden afectar la convivencia. Lo que a alguien le agrade puede desagradar profundamente a otros.

La poca comodidad del lugar donde se habita supone una gran limitación a la privacidad al igual que en las zonas de trabajo.

Tal circunstancia seria más aceptable por poco tiempo, pero se hace más difícil cuando se prolonga por todo el año. Durante las duras inclemencias del invierno, esas variables que pueden ser consideradas como minucias se agravan cuando la convivencia se ve forzadamente a llevarse más en la casa habitación que en el exterior.

Otro agravante es la desaparición de la luz solar lo que obliga a vivir en una penumbra que afecta el espíritu de las personas (noche polar). Debido a las largas noches, penumbras, crepúsculos y días de sol, los relojes biológicos del cuerpo humano funcionan en forma anormal, trayendo trastornos del sueño, digestión y otros inconvenientes fisiológicos, durante el año o más de permanencia en la Antártida y persisten por mucho tiempo cuando regresan a la vida normal.

El trabajo exterior es siempre duro, muy duro, ya sea para cumplir con las tareas específicas de la misión por la que se va a la Antártida como para el mantenimiento de la base misma.

Si por su rol el explorador antártico debe alejarse de su base para realizar trabajos de investigación  en el exterior – lo que es común – los riesgos a los que se ve sometidos son muy grandes.

No solamente por las condiciones en las que debe vivir sino por los riesgos tales como furiosos temporales sorpresivos, grietas en los glaciares, barreras y mar congelado donde se desplazan en las que, en caso de caer, seguramente significan la muerte. A eso debe sumarse las muy bajas temperaturas que pueden producir congelamientos con consecuencias nefastas, como es común que ocurra.

Debido a la poca humedad del ambiente, la permanente calefacción en lugares internos, uno de los grandes peligros del antártico resultan ser los incendios, ya que la combustión de los elementos es rápida y resulta problemático apagarlo por la carencia o no existencia de agua.

La alimentación es otro rubro que puede afectar la vida del antártico.  No habrá platos especiales y tendrá que adecuarse a lo que se cocine para todos, muchas veces con carencias de condimentos necesarios para darle mejor sabor  la comida.

La misma se elabora con conservas, pastas, frutas y verduras deshidratadas, huevo en polvo y carne.

Es fundamental que esté capacitado para hacer de todo un poco.  Puede en algún momento verse necesitado a ser un operario electricista, albañil, enfermero, cocinero, mecánico e incluso, consejero de aquellos que necesiten de apoyo como el mismo puede necesitarlo.   No hay privilegios especiales cuando su colaboración sea necesaria.

A pesar de la atracción de la naturaleza y sus bellezas que pueden y deben ser un estimulo muy valorable, el antártico vive en estado de alerta por lo que esa misma naturaleza hostil pudiera depararle.

Un Antártico no es un trabajador común, vive en un desierto helado trabajando y en apresto, sin horarios, sin feriados durante todo el año; viviendo (soportando) una profunda soledad y una vida distinta.

Durante su permanencia no ve un árbol, una planta ni una flor; todo en blanco con pequeños matices oscuros.

Dicen que “No se defiende lo que no se ama y no se ama lo que no se conoce“; a la Antártida Argentina hay que conocerla, amarla y defenderla, porque es un pedazo más de nuestra Patria.

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(*) Dr. Juan Carlos LUJAN

Suboficial Mayor FAA (R) VGM-EDB
Presidente de la Fundación Marambio – Entidad exenta sin fines de lucro
Personería Jurídica – Res. I.G.J. Nº 0000852 – CUIT. 30-70951448-9
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