Defensa de la DEFENSA

Por: Miguel Angel Sarni*

Necesitamos cambiar el eje del debate, volverlo realista aunque duela. Se está discutiendo acaloradamente si las Fuerzas Armadas (FFAA) deben intervenir en asuntos internos. Es abstracto, porque nuestras fuerzas presuntamente armadas están demasiado desarmadas. Se han vuelto “militarmente irrelevantes”, según un informe del Gordon Institute, un “think tank” ligado al Comando Sur de las FFAA norteamericanas.

Las volveremos a tener, si la democracia da un giro esperanzador permitiendo una etapa de actualización legislativa, con leyes y reglamentaciones concretas que fijen una política de Defensa. Simultáneamente se deberá desarrollar un plan racional para reconstruirlas en efectivos, armamento, sistema educativo, (se puede incluir Sistema de salud) y producción industrial de equipamiento. Los magros salarios están llenos de incisos “no remunerativos”, es decir que el estado le paga a la columna vertebral del estado… en negro.

Mientras que el Estado político y las FFAA no restablezcan ciertas lealtades recíprocas mínimas, esto no cambiará. Sin esa unidad, que nadie pretende sea libre de fisuras, tensiones y debates no tenemos Estado.

Dejemos lo abstracto y hablemos de situaciones concretas.

Hace años que se usan radares de la Fuerza Aérea Argentina (FAA) en “El Escudo Norte” para detectar vuelos de presuntos traficantes. En tales operativos actúan a veces aviones de la FAA, sus últimos 8 aviones IA-58 Pucará operativos en 2017, sobre un stock de 40, con 32 fuera de servicio por fatiga de las células y agotamiento de sus motores turbohélice. Ninguno se remotorizará.

También participan los últimos entrenadores avanzados IA-63 Pampa. Están en un brete similar. El programa Pampa ya tiene 38 años, en los cuales se fabricaron… 22 aviones.

Que estén saliendo de servicio y no tengan reposición es un problema que golpea los recursos humanos: nuestros pilotos ya no vuelan. Pero que la FAA además carezca de aviones de transporte, tanqueros, logísticos, de control aéreo, de cazas de ataque a tierra, de interceptores e incluso de drones de observación y ataque es peor. ¿Cómo puede cumplir funciones anexas si carece de medios para la suya, propia, específica e ineludible? Ésa es tener superioridad aérea en cielos propios, y la capacidad de repeler agresiones externas a distancia.

Nuestro Ejército no sólo carece de blindados diseñados ad-hoc para el tamaño del país (multirruedas de alta velocidad, como los de Brasil o Sudáfrica). No tiene blindados operativos, punto. Peor aún, le faltan camiones y aviones de transporte para despliegue rápido de tropas y equipos. Y peor que peor, hay cantidad de equipos que ya no fabrica, tras haber tenido la mejor y más numerosa artillería de campo de la región. El último cañón SOFMA 155 mm., cuyo largo alcance y temible precisión impedía a las fragatas inglesas acercarse a las costas malvineras en 1982, se fabricó en 1989. Luego se cerró la planta. Se cerraron casi todas: de las 12 que tenía el arma, hoy sólo quedan 4. El Ejército Argentino, formidable hasta los ’80 por equipamiento y entrenamiento, hoy tiene 50.452 efectivos, más o menos la mitad que la Policía de la Provincia de Buenos Aires (93.000 efectivos), y probablemente menor capacidad de fuego.

La Argentina tiene también la mayor plataforma submarina de la región, con tres caladeros sobreexplotados que resisten, y generan más un PBI oficial de U$ 17.000 millones/año, sin contar la pesca exportada sin declarar. Pero como se mostró trágicamente en 2017, la Armada carece de submarinos para vigilar el Mar Argentino: se hundió uno de los únicos dos TR-1700 oceánicos. Queda otro del mismo tipo, más otro menor (“costero”), que ya no navegan porque se duda sobre su estado técnico, y dos TR-1700 más parados al 70 y al 30% de su construcción desde principios de los años ’90 en los astilleros CINAR.

Peor aún, a la hora de buscar el ARA San Juan, incurrimos demasiado públicamente en el desacierto internacional de no tener suficientes aviones o unidades de superficie para hacerlo, y tener que recibir la ayuda de 18 países en la tarea, entre ellos 2 con los cuales estuvimos en guerra (el Reino Unido) o al borde de la guerra (Chile).

Lo que deja la pregunta de si la Argentina está en condiciones de defender la integridad territorial del 8vo país del orden mundial, por superficie. ¿Está en condiciones de retener por la fuerza sus ecosistemas agropecuarios capaces de alimentar a 400 millones de personas, sus caladeros que no sabemos a cuántos humanos alimentan porque hace tiempo que perdimos el control del Mar Argentino? No. ¿Y sus activos energéticos? Vaca Muerta es el tercer yacimiento mundial de “shale gas” y “tight” gas. Chubut tiene tres yacimientos de uranio que podrían ser el Vaca Muerta de la industria nuclear mundial. ¿Los podemos defender? Otra vez, no.

Gastar no es lo mismo que invertir

El presupuesto de las FAA se va básicamente en pagar sueldos. Según el “Factbook” de la CIA, entre 2012 y 2016 subió el 0,78% del PBI al 0,95%, en una región donde las alianzas entre vecinos, como el Mercosur, son bastante lábiles. En la región tienen mucha más tracción los TLCs, o Tratados de Libre Comercio de países o grupos de países con sus compradores externos de materia prima. A esta combinación, que asusta un poco, hay que añadirle que la Argentina tiene cuestiones territoriales no saldadas con Chile, vecino que gasta el 1,82% de su PBI en defensa, y con el Reino Unido, que gasta el 2,20% de un PBI de U$ 3.150 billones/año, el 5to del planeta. Brasil, más modesto, gasta el 1,32%, pero de un PBI de U$ 2 billones/año, mientras que el de Argentina está en U$ 512.000 millones/año. Y repito, en defensa pone el 0,95% de esa cifra nimia.

¿En qué se consume normalmente el presupuesto de defensa de cualquier país democrático en tiempos de paz? En mantenerse en “estado de entrenamiento” (lo que somete el equipamiento a gran desgaste), y en educación, investigación y desarrollo para saber qué equipos necesitará en el futuro, cuáles podrá fabricar por sí mismo, cuáles sólo si busca socios en otros países, y qué otros deberá adquirir forzosamente llave en mano.

El analista político Carlos Pagni, en La Nación, ha dicho –sin ser desmentido- que en los últimos gobiernos se las considera como 80.000 personas que no cumplen ninguna función, es decir un costo inútil.

La utilidad de tener 80.000 personas en las FFAA es justamente, evitar que deban ser empleadas en su función específica: la guerra. Para ello deben ser lo suficientemente poderosas y entrenadas como para defender el país y sus intereses. Si están capacitadas y equipadas, se podrá gobernar un país y no un protectorado. Al contrario, su estado actual de inoperancia es en sí una invitación abierta al conflicto.

Somos un país casi despoblado pero con una extensión fenomenal, llena de recursos absolutamente tentadores y la capacidad agroecológica de alimentar a 400 millones de personas. Nuestro propio y desaforado tamaño es una tentación en un mundo críticamente sobrepoblado, que además tiene 1000 millones de personas con desnutrición crónica, 176 millones que emigran como consecuencia directa o indirecta del cambio climático y 65 millones de desplazados por decenas de guerras pequeñas pero persistentes, todas de infinita crueldad.  Jugar al desarme unilateral en semejante escenario mundial es suicida. Defendamos la Defensa.

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(*) General de División (R) Ingeniero Militar. Escribió “Educar para este Siglo”

Comments

  1. Alberto Perez says:

    Coincido en que se debe invertir en tecnologías, quizá más modernas que ocupen menos mano de obra y más trabajo preventivo. Radarización, drones, inclusive armamento de diferentes alcances p/potenciales amenazas, pero sin movimiento de gente, desde un tablero de comandos, ya las guerras de invasión solo son posibles si las defensas automáticas no existen. Trabajar en comunicaciones,deteccion temprana, inteligencia, métodos disuasivos, también es avanzar con menos inversión a la vista pero con gran aporte a la defensa moderna de un país que además está sobre uno de los bienes más preciados en 50 años más, como lo es el agua potable. Apoyo la activación de Defensa, propongo además el recupero del Servicio Militar Obligatorio de seis meses para todos los jóvenes de 18 años (ambos sexos) p/recuperar valores, y brindar posibilidades a quienes encuentren en las FF.AA. un camino p/mejorar sus vidas.

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