La amenaza informática

Ha surgido un nuevo ámbito de enfrentamiento: la creciente y cada vez más sofisticada “amenaza cibernética”

 

Por: Miguel Ángel Sarni*

La política de discriminación contra las FF.AA. en bloque se ha extendido a todo esbozo de política de Defensa y a la carrera profesional de muchos de sus miembros, hasta poner hoy a nuestro país en una virtual situación de indefensión frente a determinada clase de ataques, como son los informáticos.

Hasta que las FF.AA. y el Estado político no restablezcan ciertas lealtades recíprocas mínimas, esto no cambiará. La democracia debe dar un giro esperanzador y permitir una etapa de actualización legislativa.

Se deberían tejer un conjunto de leyes y reglamentaciones precisas y concretas que formen una política estable de defensa, que permita articular un diseño estratégico de las tres fuerzas sostenible, pese a vaivenes económicos y cambios de conducción militar y nacional, acordando un presupuesto lógico para satisfacer objetivos irrenunciables, que rija una escala salarial digna sin suplementos no remunerativos y un nivel educativo y profesional de calidad.

Un mundo sometido a la incertidumbre de la fragmentación étnica, lingüística, religiosa y cultural, constituye una fuente creciente de conflictos internacionales que no reconoce nacionalidades ni fronteras. La agresión a enfrentar no puede ser únicamente calificada por su “origen externo” sino también por su naturaleza y por el lugar de su impacto.

Hoy es difícil hablar de imagen buena o mala de las FFAA. Más bien parecen no tener imagen en absoluto, lo que muestra su total pérdida de poder. Y sin embargo, en las encuestas surge que algunas cosas ayudaron a que las FFAA ganaran reconocimiento: continuaron destacándose al integrar Operaciones Multilaterales de Paz y colaborando en emergencias por Catástrofes ya que son las instituciones del Estado mejor equipadas, instruidas y entrenadas para operar en campaña y en la adversidad (toda guerra no es sino una larga catástrofe antrópica).

Ha surgido un nuevo ámbito de enfrentamiento: la creciente y cada vez más sofisticada “amenaza cibernética”. Hace dos décadas que hay ciberguerras en todo el planeta: afectan a sistemas de electricidad en Ucrania, plantas de enriquecimiento de uranio en Irán, acerías en Alemania. Raramente salen en la TV porque la parte ofendida y la ofensora tienen un interés común en que los daños no parezcan deliberados, y los causantes no se identifiquen.

La ciberguerra consta básicamente de puñaladas bajo la mesa, pero matan igual. Ya no fabricamos fusiles o cañones, pero tenemos que blindar informáticamente nuestros sistemas y plantas, por ejemplo nuestros sistemas de agua potable. ¿Qué pasaría en nuestras cinco megalópolis si fueran atacados los sistemas de depuración y distribución de aguas? ¿Con qué expertos los podríamos defenderlas?

Con ingenuidad, distintos dirigentes miran una planilla Excel y llegan a la conclusión de que poniendo a algunos centenares de soldados del Ejército a custodiar nuestras centrales nucleares o las hidroeléctricas liberan a otros tantos gendarmes para que puedan patrullar las calles.

Si en algún momento la Fuerza Aérea se separó del Ejército como arma con un terreno propio, luego sucedió que la Armada y el Ejército debieron dotarse también de medios aéreos propios: los aviones se habían vuelto un asunto transversal. Sucedió en todo el mundo. Con la informática debería suceder algo parecido.

¿Cómo enfrentaremos el nuevo ámbito de las amenazas cibernéticas? Diseñar y fabricar aviones de punta es caro, pero estamos exportando U$S 1.699 millones/año de software, según informa CESSI, la cámara empresarial del sector. Es un número que sube año a año, solamente limitado por la falta de jóvenes argentinos con la suficiente capacitación. Y fabricar software no precisa de talleres inmensos o maquinarias complejas. Hoy deberíamos potenciar el Comando Conjunto de Ciberdefensa que tenemos, o crear una cuarta Fuerza de Ciberguerra.

Las armas de ciberguerra no se manchan de sangre, pero apuntan al cerebro y al corazón de un país: su objetivo, que desaparezca el armazón del Estado y dejar que la sociedad se desmorone sola. La guerra se ha vuelto muy inteligente, pero ni un punto menos letal.

Si se logra abrir simultáneamente las compuertas de todas las represas sobre el Limay, de Yacyretá y Salto Grande en un verano, en Buenos Aires va a haber caos y mucha gente se va a morir, entre otras cosas, de sed porque el apagón va a dejar sin potencia las bombas de los sistemas de purificación y distribución de agua de 15 millones de habitantes.  Eso no se para con tanques  ni con cañones. Un ciberataque que liquide el Estado seguido por una invasión con armas convencionales comprometería seriamente a nuestro país.

Las secuelas de la educación deficiente que se visualiza con las pruebas PISA cunden entre la tropa profesional, se insinúan en los suboficiales, y la “devaluación social” de la condición militar –que transitó décadas con magros sueldos y “en negro” obliga a las Fuerzas Armadas a abrir las puertas de su sistema de formación de oficiales a alumnos que hoy fracasarían en tales exámenes. En 2030/40 algunos de ellos llegarán a las máximas jerarquías.

Del mismo modo y por lo mismo que la aviación es transversal a las tres fuerzas tradicionales, ya que todas usan aviones y/o drones para su logística, su despliegue e incluso para combatir, el conocimiento informático debe ser transversal a todas las Fuerzas. Es necesario invertir  presupuesto en las FFAA, profesionalizándolas en ciencias de la computación  para crear una formación informática poderosa. Con software y hardware propios, desde ya.

Las FFAA más avanzadas del mundo participan de la capacitación imprescindible para cumplimiento de las misiones que las circunstancias exigen;  han adherido a cimentar su eficiencia y comportamiento en el conocimiento. Hace dos décadas que hay ciberguerras en todo el planeta: afectan a sistemas de electricidad en Ucrania, plantas de enriquecimiento de uranio en Irán, acerías en Alemania.

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(*) General de División (R) Ingeniero militar. Escribió “Educar para este siglo”.

Publicado en “La Nueva” – https://www.lanueva.com/

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