Palabras de despedida del Teniente General Diego Luis Suñer

Ceremonia de asunción del nuevo Jefe del Estado Mayor General del Ejército, General de Brigada Claudio Pasqualini, en el Regimiento de Infantería 1 “Patricios”, el día 21 de febrero de 2018

 

Quiero, antes de comenzar, hacer una mención a nuestros camaradas de la Armada. Estamos acompañándolos desde que supimos de la pérdida de contacto con el submarino ARA “San Juan”.

La austeridad y sencillez de esta ceremonia serán un modesto tributo a la Armada Argentina, a los tripulantes y a sus familias que sufren. Estamos con ellos en espíritu y en acción para lo que necesiten.

En esta ceremonia, que es una más de nuestras tradiciones, me toca despedirme del Ejército como jefe y como miembro activo.

Primero lo primero, debo agradecer al señor Presidente de la Nación el haber depositado su confianza en mi persona, hace poco más de dos años, para conducir el Ejército Argentino, honor que me cupo entre tantos otros que pudieron haber sido elegidos y que he tratado honrar en la dedicación y en la acción concreta de cada hora de cada día.

Como le manifesté al ex ministro Martinez al comunicarme esa decisión, lamento que mi elección haya generado, en su momento, el retiro de 22 generales de gran valor como personas y profesionales.

Al mismo tiempo le manifesté mi voluntad de permanecer tan solo tres años en el cargo, cosa que también hice con mis subordinados, en la convicción de que la permanencia de quien comanda, en cualquier instancia, no debe prolongarse, para permitir una rotación que antepone la institución a los sellos personales.

Debo agradecer también en este momento la actitud del poder ejecutivo, manifestada por el mismo Presidente, el Jefe de Gabinete y ambos ministros de defensa de esta administración, de restituir la consideración, el respeto y el lugar institucional que el propio estado debe reconocer al Ejército entre las instituciones permanentes de la República.

Así como la voluntad manifiesta de solucionar ilegales e injustas decisiones sobre las retribuciones que recibe nuestro personal por sus tareas, a fin de adecuarlas al resto del estado federal y solucionar definitivamente los problemas que generan una enorme falta de equidad y una onerosa carga por litigiosidad por el pago abusivo de sumas no remunerativas.

Lo justo es justo: durante 2016 se dio un gran paso en ese sentido, que fue acompañado de un plan anunciado por el propio Jefe de Gabinete en el edificio Libertador y que anhelamos se cumpla de acuerdo a lo programado. Esto implicará una importante muestra de voluntad por solucionar parte del destrato que ha padecido nuestro personal por más de una década.

Como toda organización, el Ejército Argentino es una construcción humana, que se ha nutrido siempre para completar sus cuadros del pueblo de la nación y que tiene sentido porque su misión natural es servirla.

Una organización con una historia tan larga como la de la Patria, con una cultura fuerte, producto de, como me enseñó un camarada aquí presente, haber dejado sólo para su historia los momentos de sombra, y haber alimentado sus tradiciones con los momentos de luz.

Una organización definida por la Carta Magna, las órdenes del Presidente de la Nación, las leyes, reglamentos y procedimientos que rigen su funcionamiento y marcan a todos sus integrantes, cualquiera sea su jerarquía, qué es lo que se puede y lo que no se debe hacer.

Una organización integrada, en todo su despliegue territorial, a la sociedad en la cual se desarrollan sus integrantes y sus familias. Valorada por estar al lado de la gente cuando cualquier emergencia o catástrofe golpea a los argentinos con todo su personal y medios a disposición. Con una vasta experiencia en operaciones en el exterior, interactuando con otras fuerzas armadas del mundo y cimentando un prestigio bien ganado a fuerza de trabajo, sacrificios y vidas humanas.

Por ello, y en un marco de importante estrechez presupuestaria, hemos dado prioridad durante estos ultimos dos años a la educación del personal, a las asignaciones a las unidades operativas, que son nuestra razón de ser, al adiestramiento operacional y a la salud del personal. Todo ello gracias a la optimización en el uso de los recursos, demandando transparencia absoluta y criterio en el uso de los recursos a disposición.

En la actividad formativa del soldado para la guerra, se define su peso específico. Es lo que alimenta la vocación de los que se unen al Ejército y les permite vivir la experiencia con pasión y mística indispensables para sobrellevar las exigencias que esta implica.

Un ejército eficaz es la mejor contribución que podemos hacer a la acción militar conjunta y combinada. Quien puede lo más, puede lo menos. Con organizaciones bien instruidas y mejor equipadas, podremos realizar el mejor aporte posible al sistema de defensa.

Hemos trabajado en comunicación horizontal con la Fuerza Aérea, la Armada y el Estado Mayor Conjunto en forma agil y atendiendo sus necesidades, especialmente en Comodoro Rivadavia por el caso San Juan.

Lo propio hemos hecho con las fuerzas de seguridad federales, a las cuales hemos apoyado logísticamente toda vez que ha sido necesario.

En todas las provincias que han sufrido el flagelo de catástrofes naturales, gobernadores e intendentes saben que ni siquiera debieron solicitar apoyo porque el ofrecimiento del Ejército siempre llegó antes.

Hemos trabajado con los ejércitos de los países del Cono Sur para lograr la mayor integración posible. Vaya aquí mi especial agradecimiento a los comandantes de los ejércitos de Brasil, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay por lo hecho en pos de la integración entre nuestros ejércitos y naciones.

Durante los últimos meses se ha hablado mucho en los medios de reestructuración u optimización de las fuerzas.

La estructuración o diseño es una herramienta al servicio de quién conduce cualquier organización, y no al revés.

Somos el único ejército de que dispone la Nación. No hay otro. Somos profesionales y contamos con un gran reservorio de conocimiento y experiencia ganados a través de una historia rica.

Somos además depositarios de un importante patrimonio del estado, que debe ser preservado, protegido y cuidado, porque es el que la nación nos ha entregado para el cumplimiento de nuestra misión, es por esa razón que la estructura debe dar a la organización armonía y solidez, y nuestra opinión en esto tiene valor.

El propio Ejército genera permanente cambio. Prueba de ello fue la creación, hace ya cinco años, de la Fuerza de Despliegue Rápido, sobre la base de la Brigada Paracaidista, la Brigada Mecanizada X y la Agrupación de Fuerzas Especiales.

Proveimos el mejor material a las unidades de montaña y de monte por su ligereza y ductilidad.

Nos esforzamos por, dentro de las limitaciones, mejorar el equipamiento individual del soldado con módulos de descanso de primer orden, carpas individuales y colectivas de calidad, material de comunicaciones de primer orden, vehículos livianos todo terreno para incrementar la movilidad y hacer un importante esfuerzo para restablecer capacidades a nuestros vehículos de combate.

Esto es lo que venimos haciendo a través de planes de mediano plazo y buscando lograr continuidad y correcta asignación de prioridades en la escasez.

Incrementamos los sistemas de planeamiento y control del gasto en busca de absoluta transparencia en los procesos y mejor aprovechamiento de los recursos.

Desarrollamos un sistema de detección de consumo de drogas prohibidas, empleado sobre los ingresos de personal a la fuerza y en forma sorpresiva en las unidades, muy bien implementado por la Dirección de Salud y que ya ha dado sus frutos.

Hemos incrementado la duración presencial de los cursos de estandarización profesional.

La Inspectoría General y los institutos de formación han recuperado el control de la aptitud física del personal en forma exitosa.

La Secretaría General ha desarrollado una encuesta que abarcará toda la Fuerza como parte de una tarea trascendente relacionada con la correcta definición de nuestros valores, para detectar problemas a corregir o ventajas a aprovechar sobre variados aspectos que hacen a la vida de nuestro personal.

Y tal vez lo más importante: hemos acercado al personal retirado a las unidades en todo el país.

Después de muchos años de ausencia en sus vidas, nos hemos hecho presentes ante las madres de nuestros muertos en Malvinas, para entregarles un reconocimiento del Ejército por el sacrificio más sublime para cualquier mujer. Un acto de justicia y reparación.

Lo propio hemos hecho hace pocos días con los muertos en el ataque a la Guarnición Militar Azul el 19 de enero de 1974. Allí, solo buscamos recomponer una deuda histórica con sus deudos.

El agradecimiento a todos los oficiales, suboficiales, soldados, personal civil, cadetes y aspirantes del Ejército Argentino por su trabajo diario. Desde aquí los pienso en todo el territorio nacional, en la Antártida y en el exterior, formando cada mañana con la vista puesta en la Bandera y el corazón en la misión. Palabra que empleada en cualquier ámbito, da sentido a la razón de ser de cualquier organización.

En nuestra cultura militar, palabra sagrada que justifica cualquier sacrificio, hasta el de la propia vida misma, cuando de cumplirla se trata.

Gracias por una entrega que emociona.

El afecto y respeto al personal en situación de retiro y la certeza de que su experiencia, su acompañamiento y sus sugerencias, desde la actitud serena y respetuosa que los años forjan, fue una ayuda inestimable para el ejército activo.

A los veteranos de guerra de Malvinas, referentes ineludibles del legítimo derecho que nos asiste sobre esas islas, mi profunda admiración y respeto. Malvinas es un mandato constitucional y un objetivo irrenunciable de nuestra política exterior.

El agradecimiento a los que por distintas razones no pueden estar aquí. Todos han dejado su marca en la formación del ejército de hoy.

Especial agradecimiento a los camaradas de la Promoción 112 del Colegio Militar de la Nación por su acompañamiento desinteresado y amistad eterna. Siempre hemos estado y estaremos al pie del cañón en cualquier circunstancia.

A los señores oficiales superiores, generales y coroneles que no mencionaré por no ser injusto al olvidar algún nombre, que han entregado su tiempo sin restricciones y su esfuerzo permanente, señalándome el camino correcto en cada aspecto de la conducción, con libertad de opinión, criterio y paciencia para con mis propios errores.

Al personal de la Secretaría Ayudante, que sin desmayo han facilitado la tarea de conducción en un amplio espectro de cuestiones menores, que definen acciones mayores.

Y por sobre todo a mi familia y amigos, de todos los ámbitos, que me han acompañado, tolerado y aconsejado desde el afecto y la crítica tan impiadosa como positiva.

Perdón a todos por los errores, los míos propios y los de quienes me acompañaron, o por los logros anhelados no obtenidos. Hemos tratado, sin desmayo de trabajar por el ejército en el que nos formamos como soldados y al que dedicamos estos felices cuarenta años.

Al general Pasqualini: felicitaciones por su designación, nos conocemos bien, hemos estado destinados juntos y su preparación y su prestigio personal serán la base sobre la que construya, junto a quienes permanezcan en los distintos puestos a cubrir, un mejor futuro para nuestro querido Ejército.

¡Señoras y señores! El Ejército Argentino nació con la Patria, y mientras ella exista, estará firme y de pie para asegurar su independencia y soberanía, su capacidad de autodeterminación y su integración territorial.

Invoco a nuestra Patrona, la Virgen de la Merced, para que nos guíe y proteja en el trabajo diario, para mayor gloria de Dios y de la Patria, y nos haga, aun desde el retiro, cada vez más honestos, humildes y corajudos soldados. Gracias a todos por acompañarnos hoy.

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