Indefensión de la República

Desde el Estado Nacional reiterativamente se ha expresado una concepción de “Defensa Nacional” tan teóricamente correcta como no sostenida en la práctica.

Este “modelo” de Defensa Nacional se basa en un conjunto de leyes vigentes, tales como la Nº 23.554 “Ley de Defensa Nacional”, cuyos contenidos y alcances se han cumplido en forma parcial sobre aspectos intrascendentes y en algunos casos jamás llevados a la práctica, tal como ocurriera con la Ley Nº 24.948 “Ley de Reestructuración de las Fuerzas Armadas”, cuya finalidad fundamental era dotar a las FFAA de los recursos financieros necesarios durante un lapso de cinco años, para lograr una adquisición progresiva de equipo y armamento de uso militar.

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Corbeta misilística ARA Espora (P-41)

Dentro del marco normativo, este modelo adquiere características particulares, como ser parcial. Este aspecto no debe ser considerado ligeramente, si se tiene en cuenta que el concepto moderno de Defensa Nacional, es precisamente amplio, extendiéndose a todos los ámbitos y niveles del Estado, aún a la actividad privada y particularmente al de la producción para la defensa. Es acotada la visión de quienes han puesto especial énfasis en las actividades que deberían llevar a cabo el Estado Mayor Conjunto (EMC) y las Fuerzas Armadas (FFAA), dejando de lado la integralidad y complejidad de previsiones que hacen a la Defensa Nacional y prácticamente abandonada la industria militar en lo que hace al reequipamiento específico, tan desarrollada y en expansión en países de la región y líderes mundiales.

Lógicamente, para saber cómo se debe defender la Nación, es necesario establecer primero qué posibles amenazas podría enfrentar y sobre esta premisa, adoptar las previsiones para preparar el adecuado Potencial Nacional. Incomprensiblemente, estos aspectos básicos de la “DEFENSA” se han ignorado peligrosa y arbitrariamente, so pretexto de la falta de hipótesis de conflictos. Consecuencia lógica de este temerario y falaz criterio, es la carencia de planeamiento estratégico y táctico para enfrentar potenciales acciones que pongan en riesgo los Intereses Nacionales. Situación inadmisible para un Estado que se considere “soberano”.

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Tanque Argentino Mediano

Otra de las características del modelo implementado, es la desinformación. Por un lado se enfatiza la necesidad de incrementar la profesionalidad militar, como condición indispensable para la modernización de las FFAA, cuando por otro, se puede verificar una realidad que contrasta con esa afirmación, especialmente porque la misma carece de materialidad.

Desde el año 1983 a la fecha, se ha hablado de tener al servicio de la Nación unas FFAA pequeñas, bien equipadas y de gran profesionalismo. El objetivo era la “EXCELENCIA”. Inequívocamente, se puede afirmar que actualmente, se ha logrado reducir los efectivos de las FFAA a niveles poco más que trágicos, prácticamente son un 75 % inferiores a los de hace dieciséis años. No se puede explicar razonablemente cómo podrán cumplir su misión en un país que se caracteriza por la amplitud de sus teatros de operaciones, la gran extensión de fronteras y del litoral marítimo y la permeabilidad del espacio aéreo.

Alguien podrá argumentar que la cantidad de efectivos podría ser reemplazada por ingenios tecnológicos de última generación, pero lamentablemente nada de eso se puede llegar a contabilizar, ya que el mismo material que emplearon las actuales cúpulas militares durante más de 35 años de trayectoria, es el que poseen los jóvenes oficiales y suboficiales en el inicio del siglo XXI.

La esencia de las FFAA, impone que éstas sean capaces de moverse, vivir y combatir en el espacio donde deban emplearse. Para ello, pese a lo que puedan argumentar seudos “expertos en Defensa”, aún no se ha podido reemplazar el combustible, los repuestos, la munición, equipos operativos y esencialmente el hombre, requeridos para que una organización militar, en cualquier nivel en que se emplee, ejecute una operación militar exitosa. La “escasa” capacidad logística operacional para efectuar ejercicios de combate real, con el material que poseen, constituye un dato más que elocuente de la paupérrima realidad por la que atraviesan los organismos que constitucionalmente deben apoyar y proveer a la Defensa Nacional.

Douglas A-4 Accidentado en Santiago del Estero

La obsolescencia del material en uso y la falta de recursos presupuestarios para mantenerlo, han producido en los últimos años gran cantidad de accidentes que no solamente se tradujeron en una disminución del escaso y avejentado patrimonio militar estatal, sino en la pérdida de gran cantidad de vidas humanas y en la atención de aquellos que sufren las secuelas de los accidentes protagonizados.

A lo expuesto, cabe agregar los efectos devastadores que producen los permanentes, imprevistos y cada vez mayores recortes presupuestarios. En el presente ejercicio, se han producido sucesivas quitas de los recursos originalmente aprobados en el presupuesto anual. Hasta el ciudadano más desprevenido podrá darse cuenta de que la paradoja radica en que en un ámbito que debe caracterizarse por la capacidad de anticipación, no se puede planificar absolutamente nada.

Es importante detenerse en el nivel de “EXCELENCIA” que se pretende alcanzar. Al respecto cabe el interrogante ¿qué significa “incrementar la profesionalidad militar”?. El camino recorrido, al menos en las dos últimas décadas, evidencia un resultado contrario al esperado, en función de una paulatina y constante degradación del Poder Militar de la Nación y por ende, su consecuencia inmediata, la “INDEFENSIÓN DE LA REPÚBLICA”.

12 de Febrero de 2010.-

UPMAC – COMISIÓN DIRECTIVA 

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