ANTECEDENTES DE LA RECUPERACIÓN DE LAS ISLAS DEL ATLÁNTICO SUR – 1970 – 1982

A principios de la década del 70, se había logrado una mejora sustancial en las relaciones diplomáticas entre Argentina y el RU, a pesar del fracaso del Memorando de Entendimiento de 1968, que nunca llegó a resultados concretos por las cambiantes posiciones de los británicos.

Con la Declaración Conjunta del 1º de julio de 1971, se pusieron en vigencia una serie de medidas acordadas entre los gobiernos con la finalidad de mejorar la calidad de vida de los habitantes de las islas.

El gobierno argentino confió en que el incremento de su presencia en Malvinas podría contribuir al levantamiento de la negativa británica a tratar el tema de la soberanía.

Así se llegó al establecimiento de comunicaciones permanentes con un vuelo regular de LADE a partir de 1972. Para ello la Argentina debió terminar la instalación de una pista de aterrizaje, ya que las islas no contaban con un aeropuerto que permitiera un tráfico aéreo regular.  

Se instalaron representaciones de YPF y de Gas del Estado para facilitar el abastecimiento de combustibles, se prestó ayuda en materia agrícola y técnica, se enviaron maestros argentinos para atender la enseñanza del español en las escuelas malvinenses y se otorgaron becas a los isleños para estudiar en nuestros colegios bilingües. También se les otorgaron, en reemplazo de los pasaportes, documentos en los que no figuraba la nacionalidad para facilitar su ingreso al continente. También, en el marco de aquella declaración, Argentina contribuyó a mejorar la atención de la salud en las islas instalando un departamento médico administrado por el gobierno argentino, que funcionó en el hospital general de la capital malvinense (Port Stanley) y regularizó el puente aéreo entre esa ciudad y Comodoro Rivadavia.

En 1973 Argentina concedió nueve salvaguardas permanentes para los isleños, que incluían la posibilidad de doble nacionalidad y educación en el continente, además de facilidades de aprovisionamientos vía aérea y marítima provenientes de nuestro territorio continental.

A pesar de todos estos esfuerzos la expectativa generada por aquella Declaración no se concretó.

También en esos años se avanzó en acuerdos de reequipamiento militar que incluyeron la construcción en el R.U. del Destructor de defensa aérea A.R.A. “HERCULES” simultáneamente con su gemelo el H.M.S “SHEFFIELD”, (que en 1982 fuera el primer buque hundido por la aviación naval argentina), así como la provisión del equipamiento naval para la construcción en el Astillero RIO SANTIAGO de otro buque de la misma clase, el Destructor A.R.A. “SANTISIMA TRINIDAD”.

No obstante, la posición positiva de la corona respecto de la complementación, con inclusión de la cuestión de soberanía continuó siendo dilatoria e indefinida, y en algunos campos, intransigente, como en la iniciativa de realizar tareas conjuntas de prospección petrolera.

En 1975 la corona realizó misiones unilaterales de relevamiento de la cuenca hidrocarburífera de las islas con el fin de determinar la factibilidad de su explotación.

Para noviembre de ese año las negociaciones se hallaban en estado de virtual ruptura.

1976 comenzó con una clara provocacióncon el arribo a Pto. Stanley del enviado de la Corona, Lord Shackleton, justo el 3 de enero, día del aniversario de la usurpación de 1833.

En febrero el buque de investigación RRS “Shackleton” que navegaba al sur de la Isla Soledad, dentro de la Zona Económica Exclusiva argentina, debió ser intimado por el Destructor ARA “Alte. Storni”, inclusive con disparos de cañón, lo que generó quejas diplomáticas y un recalentamiento de las tensiones que determinaron, según se conoció años más tarde, el despliegue de un submarino nuclear británico en la zona.

A fines de 1976 la Armada Argentina comenzó a construir en la Isla Thule, del archipiélago de las Sandwich del Sur, una estación científica donde en 1955 se había edificado el Observatorio “Teniente Esquivel”, que tuvo que ser evacuado meses después debido a una erupción volcánica, lo que finalmente obligó a abandonarlo. La nueva estación, inaugurada el 18 de marzo de 1977, fue bautizada con el nombre de “Base Corbeta Uruguay”. Si bien el R.U. detectó rápidamente la instalación, por circunstanciales conveniencias políticas ambos gobiernos mantuvieron el episodio reservado al ámbito de las respectivas cancillerías.

La finalidad de avanzar con un establecimiento argentino en dependencias de la Gobernación de Malvinas y de evaluar la reacción británica, se había cumplido.

El reclamo de la corona no trascendió hasta mayo de 1978.

Este antecedente, animaría cinco años más tarde a las autoridades navales argentinas a producir un hecho similar pero más próximo a Malvinas, en el archipiélago de las Georgias.

Los roces diplomáticos continuaron durante 1977, dejando en evidencia la falta de voluntad británica de negociar la soberanía, su interés por neutralizar el costoso mantenimiento del archipiélago mediante explotaciones económicas de alto valor y la frustración de la política exterior argentina que, a pesar de todas las acciones emprendidas, siempre infructuosas, solo conseguían reiterar en cada Asamblea General de la ONU su apelación a la Resolución 2065.

En el bienio 77-78 la política exterior argentina estuvo dominada por el diferendo limítrofe con Chile. Habiendo hecho ambos países el despliegue de sus Fuerzas Armadas y de sus flotas, próximas a enfrentarse en Cabo de Hornos, (con submarinos argentinos en el Pacífico y submarinos chilenos en el Atlántico), la oportuna intervención del Papa Juan Pablo II y su gran logro, la mediación del Cardenal Samoré, rescataron a ambas naciones de la guerra.

El Reino Unido aprovechó para conducir las negociaciones a un nuevo estancamiento generando instancias dilatorias, a lo cual, la evolución política en Argentina durante 1979 y 1980, contribuyó efectivamente.

En marzo de 1981 se produce en Argentina un cambio de gobierno, pero el nuevo Presidente, el Tte. General Roberto Viola entregaría el cargo en noviembre de ese mismo año. Luego de la renovación de toda la Junta Militar asume la Presidencia el Tte. General Galtieri.

Estos nombramientos trajeron un nuevo impulso a la negociación por Malvinas que, aunque continuaba diplomáticamente, a los fines prácticos había sido inconducente. Aunque el asunto siempre había estado en consideración de las anteriores autoridades de la Junta Militar, Galtieri a fines de 1981, en su planificación para el período 1982-1984, ordenaba: “intensificar por la vía diplomática la acción referente a Malvinas”. Existía el convencimiento de que la pasividad del Reino Unido frente a los reclamos argentinos continuaría.

Mientras tanto, en otros ámbitos se superponían acontecimientos que terminarían precipitando las decisiones.

Constantino Davidoff, un empresario argentino que en 1976 se enteró de la existencia de tres instalaciones balleneras abandonadas en los años ’60  en los puertos Leith, Stromness y Husvik de la Isla San Pedro del Archipiélago Georgias del Sur, se interesó en adquirirlas y procesarlas como chatarra. Para ello contactó a la entonces propietaria de las factorías, la firma Christian Salvesen Ltd. de Edimburgo con la que, luego de tres años, firmó un contrato de compra-venta protocolizado el 19 de septiembre de 1979 con vigencia hasta el 31 de marzo de 1983.

Para la formalización de esa operación tuvo que obtener la autorización de las autoridades británicas que al principio se mostraron renuentes, pero finalmente la aprobaron.

Con el contrato firmado Davidoff pidió que el buque inglés “Endurance” lo lleve a Georgias como “gentileza” para hacer el inventario de las factorías. También preveía contratarlo para que, una vez desguazadas, transportara la carga resultante al continente. El gobierno británico y el British Antartic Survey se lo negaron. Ante ello, en septiembre de 1981, el empresario desarrolló gestiones ante la Cancillería argentina y la Armada a fin de chartear un transporte Naval para trasladar a su personal y equipos, y también de hacer previamente un viaje de inspección de las instalaciones. La Armada en consulta con Cancillería seguía atentamente el asunto. 

Por otra parte, en mayo de 1981, y sin ningún indicio de lo que ocurriría casi un año después, el Clte. Lombardo, propuso repetir en la isla San Pedro del grupo de las Georgias del Sur, la experiencia de Thule en 1976. Esto era, instalar un observatorio similar a la Base “Corbeta Uruguay” pero en Georgias, donde ya funcionaba una Estación con personal británico, noruego y de otras nacionalidades. La finalidad era sentar otra presencia argentina que contribuyera a revalidar los títulos de nuestro histórico reclamo por Malvinas y las demás islas del Atlántico Sur.

Luego de consultar a la Cancillería la iniciativa fue aceptada.

El proyecto se mantuvo en secreto y se lo denominó “Operación Alfa”; un operativo del que sólo participarían civiles del Instituto Antártico Argentino, “acompañados” por algunos científicos militares. En los meses siguientes el proyecto hubo de ser adaptado a la “Operación Davidoff” en lugar de la fachada inicial de “instalar de una estación científica”. La “Operación Alfa”, consistente en acoplar efectivos navales al grupo de chatarreros, fue cuidadosamente planificada y se preveía su ejecución al fin de la campaña antártica de los buques del Reino Unido, bien entrado el otoño.

El viaje de Davidoff a Isla San Pedro- Georgias del Sur se concretó en diciembre de 1981 en el Rompehielos ARA “Almirante Irizar”, que arribó a Pto. Leith el día 20. El empresario y 6 técnicos desembarcaron por pocas horas, recorrieron las instalaciones de las factorías y reembarcaron.

El buque zarpó de inmediato y retomó su programa de actividades antárticas. Más tarde dejaría a Davidoff y su gente en la Base Antártica “MARAMBIO” desde donde regresarían a Bs. As. por avíón

Aunque Davidoff contaba con autorización, (y para ir a Georgias no existían los mismos requerimientos de documentación que para ir a Malvinas), haber arribado a Leith en un buque de la Armada Argentina llamó la atención del Foreing Office, quien a posteriori le pidió detalles sobre el comienzo de los trabajos, con quien iría,  por qué medios llegaría, etc. en clara señal de desconfianza. Debido a que las estimaciones originales del tiempo necesario para la organización de la chatarra habían sido muy optimistas, Davidoff pidió un año de extensión del plazo autorizado por el gobierno británico, lo cual aumentó la desconfianza. El 11 de Marzo de 1982 el buque ARA “Bahia Buen Suceso” del Servicio de Transportes Navales, charteado por Davidoff, partió hacia Puerto Leith – IGeorgias del Sur, donde arribaría el 19 de marzo con 43 personas y 80 toneladas de materiales y equipos para las tareas de desguace, más los pertrechos para su sostén logístico.

Al Servicio de Transportes Navales se lo consideraba como una “empresa” del Estado con objetivos de fomento patagónico. Para ello contaba con autonomía para hacer este tipo de viajes en el marco de una actividad comercial pero demostrando a la vez capacidad de despliegue soberano en la totalidad del territorio nacional, inclusive Malvinas, Georgias y la misma Antártida.

De hecho, a otro buque asignado a Transportes Navales, el A.R.A. “Isla de los Estados”, la crisis de Georgias lo encontrará amarrado en Puerto Stanley.

A principios de 1982 la operación en la isla San Pedro era analizada seriamente en previsión de que fracasaran las negociaciones diplomáticas que se realizarían en febrero en Nueva York. Al regreso del viaje de inspección de Davidoff, la Cancillería argentina estaba perfectamente informada de la evolución de su operación comercial y también de la existencia del plan para la “Operación Alfa” y del Grupo que eventualmente la ejecutaría: un total de quince hombres de la Armada, 2 oficiales, un médico, buzos tácticos y comandos anfibios, debidamente equipados y especialmente entrenados. En caso de ordenarse su, los efectivos debían ser trasladados al lugar designado luego de que el último buque de la Campaña Antártica británica se hubiera retirado de la zona, y allí instalarse para formar la dotación de la Estación Científica Antártica, todo lo cual era una misión secreta. Pero también se había contemplado su eventual intervención para proteger a los operarios argentinos si surgiese oposición británica, lo que finalmente ocurrió.

El 14 de marzo el Grupo ALFA parte desde su lugar de entrenamiento en Buenos Aires a Ushuaia vía aérea. Al arribo embarca en el Buque Polar Bahía Paraíso el que zarpa hacia Orcadas en cumplimiento de su última etapa de la Campaña Antártica de verano 81/82.

El 19 de marzo de 1982 llega a Leith el Transporte Naval “BAHIA BUEN SUCESO” y desembarca a las 49 personas del Grupo Davidoff y su carga. Ese día se produce el incidente entre los operarios que habrían izado una bandera argentina, lo que fue denunciado por los hombres del BRITISH ANTARTIC SURVEY que presenciaban el desembarco. A pesar de que el viaje estaba autorizado y su inicio fue informado a la Embajada británica, y de que los operarios llevaban el certificado provisorio “Tarjeta Blanca” de acuerdo con el convenio firmado por ambos países en 1971, el Gobernador Rex Hunt exagera y distorsiona el episodio reclamando a Londres una reacción urgente. El 20 de marzo la Premier Margaret Thatcher ordena un “ultimátum diplomático” y que el “ENDURANCE” zarpe de Stanley para desalojar a los operarios argentinos. El 20 la Oficina de LADE en Stanley es violentada dejando leyendas agraviantes. El 21 zarpa el “ENDURANCE” hacia Georgias llevando a 22 Royal Marines y a las 20 hs. el Gobernador HUNT habla por radio a la población. Ante estos hechos se dispone que el Buque Polar BAHIA PARAISO que estaba en Orcadas se dirija a máxima velocidad a Leith y desembarque al Grupo ALFA para impedir el desalojo de los chatarreros. El 24 de marzo a la madrugada se produce el desembarco.

Ante estos hechos la Junta Militar dispones estudiar de inmediato la factibilidad de ocupar Malvinas y Georgias previendo la posibilidad que el RU fortifique las Islas.

A mediados de diciembre de 1981, el Gral. de División Jorge O. Garcia, Comandante del 5to. Cuerpo del Ejército, el Vicealmirante Lombardo, Comandante de Operaciones Navales y el Brigadier Mayor Plessl recibieron, individualmente, la orden verbal de esbozar un plan de recuperación de las Islas Malvinas, aunque sin fecha de ejecución. Debía preverse que se ordenara una acción “lo antes posible” y el planeamiento debía ser secreto evitando filtraciones. Así se hizo.

La intención original de la Junta Militar para la acción en Malvinas era ocupar para negociar; un fuerte y claro llamado de atención al gobierno británico, en rechazo del mantenimiento del statu quo, de las demoras de las negociaciones y como forma de terminar con 150 años de ocupación ilegal de territorio legítimamente argentino. Esta acción, que se ordenaba fuera incruenta, tenía como fin ulterior urgir al RU a la mesa de negociaciones, incluso bajo los auspicios de los EEUU.

Por su parte los británicos, que contaban con abundante información de inteligencia, tenían preparada la “Operación Trident” que preveía movilizar en muy pocos días una considerable flota para mandarla al Atlántico Sur.

Así se desencadenó el Conflicto del Atlántico sur que terminó en la Guerra de Malvinas de 1982.

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