Ataque al Submarino ARA “SANTA FE” en Grytviken

Tras el desembarco, el submarino ARA “SANTA FE” regresó a Mar del Plata, donde se le asignó una nueva misión: transportar una sección de infantes de Marina para reforzar a las fuerzas que se hallaban en las Georgias del Sur. El Comandante del ARA “Santa Fe” tenía la orden de evitar la posible presencia enemiga para desembarcar los refuerzos en Grytviken. Para ello zarpó de la Base Naval Mar del Plata el 16 de abril, con 23 torpedos y los infantes de Marina equipados para reforzar militarmente las Georgias. Nuevamente durante su travesía, el submarino de la Armada Argentina sorteó fallas en los sistemas y muy mala meteorología, pero todo pasó a segundo plano cuando cerca de la medianoche del 24 de abril comienza el desembarco del personal de Infantería de Marina sobre las costas de la caleta Capitán Vago.

Entretanto, el 14 de abril la fragata HMS “Brilliant” recibió la orden de dirigirse a Malvinas junto a una formación de barcos, dividiendo así el grupo de batalla inglés que había arribado a la Isla Ascensión como respuesta militar a la recuperación argentina de las Islas Malvinas.

Encabezados por la “Brilliant”, los buques HMS “Arrow”, “Coventry”, “Glasgow” y “Sheffield” se dirigieron al sur, a gran velocidad. Una semana después, la “Brilliant” se separó del grupo a toda máquina para apoyar al crucero HMS “Antrim” y la fragata HMS “Plymouth” en las Islas Georgias, reuniéndose con estas unidades 150 millas al norte de ese archipiélago.

La invasión inglesa a Georgias se había fijado para el 25 de abril, pero la presencia del “Santa Fe” obtenida por la inteligencia británica, los obligó a posponer el desembarco hasta haber eliminado esa amenaza.

El “Santa Fe” también sabía del despliegue de los buques ingleses y por ello realizó su aproximación de entrada a la bahía Guardia Nacional de la isla San Pedro navegado en superficie, muy cerca de la costa, para burlar los radares de búsqueda y cumplir así su misión. El 25 de abril, un helicóptero Wessex del “Antrim” divisó al submarino saliendo de la bahía.

La aeronave inglesa inició un decidido ataque con cargas de profundidad, mientras que otro helicóptero Lynx de la “Brilliant” fue destacado para unirse al ataque contra el submarino argentino. El Wessex estaba suspendido en el aire, tras lanzar dos cargas de profundidad, esperando la llegada de su relevo aéreo antes de volver al “Antrim” a rearmarse.

El submarino argentino, al quedar averiado producto del primer ataque inglés, puso rumbo de regreso a la Bahía de Cumberland en busca de resguardo; pero las cargas de profundidad recibidas hicieron que dejara un rastro de aceite por la popa. Minutos después, el Comandante del “Santa Fe” vio por el periscopio caer un torpedo con su paracaídas, por lo que decidió quedarse en la superficie para evitar su impacto, ya que esos torpedos operaban a profundidades mayores a 9 metros.

De inmediato la tripulación del submarino se resguardó en el puente, para luego armarse con fusiles y repeler la aproximación enemiga. Se formó en el interior una cadena de hombres para aprovisionar municiones. El helicóptero pasó una y otra vez, a unos 90 metros de distancia y 10 de altura.

De repente un misil guiado AS-12 disparado por un helicóptero impactó directamente contra la torreta del submarino traspasándola sin explotar, pero costándole la pérdida de una pierna a uno de los tripulantes que se encontraba en la cadena de amunicionamiento.

Desde tierra, los efectivos de la Infantería de Marina argentina empezaron a repeler con el armamento disponible la persecución del submarino que retornaba defendiéndose, averiado y con un herido grave. Debido al arrojo, profesionalismo y valentía de la tripulación, el ARA “Santa Fe” logró llegar a Grytviken. 

El Comandante ordenó el desembarco de los 76 tripulantes y del herido al muelle, mientras las tropas inglesas desembarcaban en todos los frentes. Evaluada la situación, a las 17 del 25 de abril, la guarnición argentina en cumplimiento de las directivas recibidas por la superioridad, llevaron a cabo una inicial resistencia por mantener las islas hasta la deposición de sus armas y de esta manera evitar mayores bajas. 

Al día siguiente, el Comandante de la “Brilliant”, Capitán John Coward, voló a Grytviken para inspeccionar al “Santa Fe”, ahora amarrado en el muelle y hundiéndose lentamente. Estaba inclinado a babor y con la proa levantada, su torreta agujereada y partes arrancadas por el ataque del misil. La veterana nave exponía innumerables agujeros de metralla.

Por estado del submarino los ingleses decidieron sacarlo del muelle y ubicarlo en un amarradero vacío de la vieja estación ballenera donde pudiera hundirse sin obstaculizar el sitio de atraque. Tripulantes argentinos designados por su Comandante serían los encargados de hacer funcionar los sistemas y mecanismos para navegar la nave unos 300 mts dentro de la caleta Capitán Vago bajo la supervisión de un oficial británico y la estricta vigilancia de los Royal Marines; los comandantes Bicain y Coward estarían en el puente.

El submarino comenzó a moverse lentamente con una grave falta de flotabilidad. El Comandante argentino dio órdenes por intercomunicador y en español a su reducida tripulación, para que realizaran las maniobras necesarias para intentar estabilizar la nave. En la Sala de Control el Suboficial Primero Maquinista Félix Oscar Artuso hizo rápidos movimientos para accionar las válvulas neumáticas, en cumplimiento de la orden recibida. El guardia británico que lo custodiaba, creyendo que se intentaba hundir la nave, disparó su ametralladora hiriéndolo de muerte.

Este trágico incidente no impidió que el “Santa Fe” llegara a su nuevo amarradero el que, horas más tarde y producto de las averías sufridas, se convertiría en su destino final, quedando apoyado en el fondo y con su torreta solamente fuera del agua.

Entre 1983 y 1984 el submarino fue reflotado por los británicos, posiblemente para su traslado a Gran Bretaña; sin embargo, el buque terminó por hundirse en aguas abiertas dando así un fin honorable a su veterana carrera de servicios a la Armada Argentina.

Por sus características, las operaciones de submarinos son secretas y sigilosas. Sin embargo, el conocimiento de las acciones llevadas a cabo por el ARA “Santa Fe” en las islas Georgias del Sur, donde burló el bloqueo impuesto por submarinos, buques de superficie y aeronaves enemigas para abastecer a los defensores de Grytviken, dan cuenta del valor, coraje, profesionalismo y heroísmo de esa tripulación.